- El Atlético dominó y lo intentó de todas las maneras, pero acabó estrellándose contra el muro sevillista.
- El conjunto de Nervión se adelantó muy pronto y a partir de ahí defendió con uñas y dientes el resultado.

Ambiente de gran partido el que se respiraba en el Camp Nou antes de pitar Mejuto el encuentro, promovido por las aficiones de Sevilla y Atlético de Madrid (ésta en mayoría), y la contienda fue digna de ver. El Sevilla comenzó muy fuerte, sobre todo Navas. El de los Palacios buscó en su primera acción un centro desde la banda, que se fue envenando y por poco no encontró rematador. En su segunda intervención llegaría el primer tanto. Si antes desbordaba por fuera, en la siguiente jugada lo hizo por dentro: un zurdazo desde la frontal, que dio en la espalda de un defensor, lo aprovechó Capel para conectar otro zurdazo inapelable desde la media luna, ante el que poco pudo hacer De Gea. 1-0 y tan sólo habían transcurrido 6 minutos de partido.
A partir de entonces el Atleti se hizo dueño del balón y empezó a poner cerco a la portería de Palop. Ujfalusi se recorría la banda de arriba abajo con tanta velocidad y facilidad como si fuera en moto, y en una de esas llegaría una triple ocasión del cuadro colchonero: Ujfalusi penetraba por banda derecha, apurando la línea de fondo, pisaba área y ponía el pase de la muerte para que alguien fusilara a Palop, pero ni Forlán, ni el Kun, ni Tiago fueron capaces de meter el balón, como si la portería fuera un frontón.
Los andaluces, por su parte, respiraban gracias al 'omnipresente' Zokora, que ayer estuvo sobresaliente tapando todos los huecos y ayudando a jugar al equipo. Lo intentaban a ratos por las bandas Capel y Navas, pues de Kanouté y Negredo no se tuvo noticias hasta la segunda parte. Fue entonces cuando, en un arreón similar al del inicio del encuentro, Negredo perdonaba la sentencia. El balón le llegaba a Kanouté, quien salvaba la presión con un pase magistral de tacón hacia Negredo, que llegaba de cara. El vallecano le pegó con su pierna mala y De Gea atajó.
Pero el tiempo pasaba y el 1-0 no se movía del electrónico. El Atlético lo quería, metió a Jurado por Simao para tener más el balón, y por más que lo intentaba a balón parado, no conseguía nada. Tampoco sus delanteros tuvieron su día, Agüero muy desaparecido y Forlán que veía como Palop desbarataba todos sus disparos, incluido una volea preciosa desde la frontal.
La tensión se palpaba en el terreno de juego, y una entrada de Perea sobre Capel calentó en exceso los ánimos de los banquillos, provocando una tangana entre varios de sus componentes. Los últimos minutos de la final siguieron una tónica arriesgada pero necesaria para el Atlético: irse al ataque con más fuerza aún que en todo el partido. Y claro, esto cuando uno se enfrenta a dos velocistas como Navas y Capel, propicia que te la puedan liar en una contra, como acabó sucediendo. Navas robaba el balón y él solo se dirigía como un tiro hacia la portería de De Gea; se fue con algo de suerte de Domínguez, y tras regatear al joven portero atlético, marcó a puerta vacía el segundo y daba la quinta Copa del Rey. Como dijo el propio Navas, ésta "va por Puerta".
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